En América Latina, la salud de las mujeres enfrenta una paradoja crítica: aunque su esperanza de vida es mayor que la de los hombres, pasan cerca del 25% de su existencia con mala salud.
Las consecuencias no son sólo médicas, sino económicas. Alrededor de 7,200 mujeres mueren cada año en la región por complicaciones relacionadas con el embarazo, el parto y el puerperio, mientras millones más enfrentan barreras estructurales para acceder a diagnósticos oportunos y financiamiento médico integral.
En el marco del Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, especialistas, organismos internacionales y empresas globales hicieron un llamado urgente a replantear la conversación de salud femenina en la región.
El imperativo es transitar de un enfoque puramente reproductivo hacia una estrategia de prevención efectiva que garantice la equidad y el desarrollo social.
“En los últimos cinco años, en Organon hemos trabajado para posicionar la salud femenina como una prioridad de salud pública en Latinoamérica. Actualmente operamos en más de 140 mercados con un portafolio de más de 70 productos enfocados en necesidades que afectan de manera diferenciada a las mujeres”, señaló Julio Conejero, director general de Organon Latinoamérica.
El costo de los diagnósticos tardíos
La brecha de género en el sistema de salud se traduce en pérdidas de productividad y bienestar. De acuerdo con Said Plascencia, director médico de Organon Latinoamérica, las mujeres pueden tardar hasta cuatro años más que los hombres en recibir un diagnóstico correcto.
Este retraso crítico detona tratamientos tardíos, un severo desgaste emocional, incremento en los costos de atención y un impacto directo en la sobrevida o la progresión de discapacidades.
“La salud femenina va mucho más allá de la esfera reproductiva. Cerca del 95% de las afecciones que impactan a las mujeres no están relacionadas con la salud reproductiva, sino con padecimientos como migraña, enfermedades autoinmunes, cardiovasculares o dermatológicas”.
Anticoncepción y brecha generacional
Para Raffaela Schiavon, ginecóloga y especialista en Salud Sexual y Reproductiva, el acceso a la anticoncepción moderna es un catalizador de autonomía y equidad.
Sin embargo, las cifras oficiales del INEGI revelan que, mientras el 74.5% de las mexicanas en edad fértil usa anticonceptivos, el indicador se desploma a 60.2% en adolescentes de 15 a 19 años.
Dosia Calderón, Representante Adjunta del UNFPA en México, advirtió que el reconocimiento de estos derechos es indispensable para el desarrollo equitativo e imperativo para salvar vidas:
“Debemos unirnos detrás del derecho humano de todas las personas a decidir, libre y responsablemente, el número y el espaciamiento de sus hijas e hijos. Si una mujer tiene el control de su cuerpo, aumentan sus probabilidades de empoderamiento en otros ámbitos de su vida”.
Romper tabúes para detonar la productividad
El olvido de ciertas etapas biológicas también pasa factura en los entornos laborales y sociales. Mamen Díaz, co-fundadora y directora de Operaciones de Sin Reglas, enfatizó que la menopausia sigue siendo una conversación invisibilizada.
«Solo en Iztapalapa, más de 350 mil mujeres mayores de 40 años viven etapas de peri o post menopausia muchas veces sin diagnóstico correcto y sin rutas integrales y claras de atención», puntualizó.
Cerrar la brecha exige un modelo preventivo y multisectorial. Como parte de este esfuerzo, Organon destacó el avance de Her Health 2026, iniciativa global enfocada en cerrar brechas históricas en salud femenina mediante soluciones concretas en acceso, educación e innovación comunitaria.
En ese sentido, Latinoamérica se consolidó como la región con mayor representación dentro del programa, con siete proyectos seleccionados a nivel global, incluyendo tres iniciativas en México enfocadas en anticoncepción, adolescencia y menopausia.
“Her Health demuestra que cuando existe colaboración es posible transformar la salud femenina desde una perspectiva más equitativa, inclusiva y sostenible”, concluyó Julio Conejero.
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