La presidenta Claudia Sheinbaum rechazó  cualquier incremento en el precio del kilogramo de tortilla, al considerar injustificado los anuncios que prevén ajustes al alza para esta misma semana.

La mandataria aseguró que las condiciones del mercado global y nacional no respaldan un encarecimiento del alimento más básico en la dieta de los mexicanos.

Durante su conferencia matutina , la jefa del Ejecutivo desmintió las versiones que apuntan a un aumento de entre dos y cuatro pesos por kilo, señalando que los insumos principales se encuentran en niveles accesibles que deberían garantizar la estabilidad en el mostrador.

 

“No hay ninguna razón para el aumento”

La postura del Gobierno federal es clara: no se permitirá un golpe al bolsillo de las familias bajo argumentos que, desde la perspectiva oficial, carecen de sustento técnico.

Sheinbaum enfatizó que el precio del insumo base para la industria no sólo es estable, sino que atraviesa un periodo de bajos costos históricos.

“No es cierto. No tiene ninguna razón para el aumento del precio de la tortilla, porque los granos de maíz están en el nivel más bajo, yo creo que de la historia”, afirmó la presidenta.

Ante la presión del sector, la mandataria informó que ya instruyó a Julio Berdegué, titular de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), para establecer un diálogo directo con los productores y revisar la estructura de costos que pretenden aplicar a partir del 15 de abril.

 

Choque de datos

Mientras el Ejecutivo se apoya en el bajo costo del maíz blanco no transgénico, el Consejo Nacional de la Tortilla (CNT) sostiene una visión distinta. Los productores argumentan que, aunque el grano sea barato, otros componentes de su operación han asfixiado sus márgenes de ganancia.

Para el gremio, factores como el encarecimiento de la energía eléctrica, el transporte, las rentas y hasta las extorsiones en ciertas regiones del país son los que obligan a un ajuste.

Homero López, presidente del Consejo, ha señalado que el precio no se ha actualizado de manera real en los últimos tres años, lo que ha generado una crisis silenciosa en las pequeñas tortillerías de barrio.

 

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