El flujo de divisas hacia México inició 2026 con el pie izquierdo. Tras un breve respiro observado al cierre del año pasado, las remesas familiares volvieron a terreno negativo en enero al registrar un ingreso de 4,594 millones de dólares, lo que representa una contracción anual del 1.4%, de acuerdo con el Banco de México (Banxico).
Este retroceso no es un evento aislado, sino la confirmación de una tendencia de debilidad estructural, de acuerdo con el economista de BBVA Research, Juan José Li Ng.
En un análisis explicó que los envíos de dinero desde el exterior han registrado retrocesos en nueve de los últimos 10 meses.
Incluso el avance de 1.6% reportado en diciembre de 2025 es visto con cautela por los especialistas, quienes sugieren que pudo tratarse de un fenómeno transitorio.
«El aumento en diciembre de 2025 podría haber sido inusual, explicado posiblemente por el adelanto en el envío de estos recursos para evitar el pago del nuevo impuesto a las remesas en efectivo», señala el documento, en referencia a la medida fiscal implementada en Estados Unidos a partir del 1 de enero de este año.
Radiografía de la dependencia
A nivel macroeconómico, la importancia de estos recursos ha comenzado a moderarse tras los picos históricos alcanzados durante la postpandemia.
Mientras que entre 2021 y 2022 la relación remesas/PIB llegó a un máximo de 4.0%, para el cierre de 2025 esta proporción descendió al 3.4 por ciento.
No obstante, la realidad estatal muestra una cara mucho más alarmante. En entidades con rezago económico, la dependencia de los dólares que envían los connacionales es vital para el sostenimiento de las familias y el consumo local.
En 2025, Guerrero y Chiapas se consolidaron como los estados con mayor exposición, ya que las remesas representaron el 13.9% de su Producto Interno Bruto (PIB) estatal.
A estas entidades les siguen de cerca Oaxaca (10.7%), Michoacán (10.5%) y Zacatecas (9.9%). En contraste, motores industriales como la Ciudad de México y Nuevo León muestran una dependencia mínima, con apenas 1.4% y 0.8%, respectivamente.
Riesgos en el horizonte
El reporte advierte que esta «remesa-dependencia» coloca a las comunidades en una situación de vulnerabilidad ante choques externos.
«Cuando se depende mucho de ellas, se corre el riesgo de estar muy expuestos a las fluctuaciones y condiciones económicas externas que podrían afectar estos flujos», advierte Li Ng.
El dato de enero refleja precisamente esa volatilidad: aunque el monto promedio por envío subió a 401 dólares (+3.9%), el número total de operaciones se desplomó un 5.2%, situándose en 11.5 millones de transacciones.
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