Carl C. Illing, analista de ActivTrades

Los últimos doce meses han sido decepcionantes para Microsoft. Las acciones han perdido alrededor del 25% de su valor, convirtiéndose en la empresa con peor desempeño entre las «Siete Magníficas».

Sólo en junio, el precio de las acciones cayó un 19%, el mayor descenso mensual desde el estallido de la burbuja puntocom.

Hace apenas unos años, Microsoft era considerada una de las grandes beneficiarias de la revolución de la inteligencia artificial (IA).

Su temprana alianza con OpenAI le dio a la compañía una ventaja inicial, que rápidamente intentó monetizar con Azure, Copilot y las funciones de IA en Microsoft 365.

Sin embargo, los inversores cuestionan cada vez más la sostenibilidad de esta estrategia.

La atención se centra menos en la demanda de IA —que sigue siendo alta— y más en cómo Microsoft está utilizando sus limitados recursos informáticos.

Azure se beneficia de la continua y fuerte demanda de infraestructura de IA. Al mismo tiempo, Microsoft necesita esos mismos centros de datos para el desarrollo y la operación de sus propios productos de IA.

Esto obliga a la empresa a realizar una evaluación estratégica: ¿Debería utilizarse la capacidad de procesamiento disponible a corto plazo para el negocio de la nube de alto margen, o debería invertirse a largo plazo en la expansión de su propio ecosistema de IA?

Es probable que esta decisión influya en las cifras trimestrales que Microsoft publicará el miércoles tras el cierre del mercado.

Un fuerte crecimiento de Azure tranquilizaría al mercado, pero podría ir en detrimento del desarrollo de su propia IA.

Por el contrario, una mayor priorización de los proyectos internos ralentizaría el crecimiento de la nube a corto plazo, un escenario que preocupa a los inversores.

A esto se suma la creciente presión competitiva. Google Cloud sigue ganando cuota de mercado, mientras que empresas como Meta están expandiendo masivamente su infraestructura de IA.

Los clientes hoy tienen muchas más opciones que hace dos años.

La verdadera pregunta, por lo tanto, no es si Microsoft puede tener éxito en el mercado de la IA, sino si la empresa puede encontrar el equilibrio adecuado entre el crecimiento de los ingresos a corto plazo y el liderazgo en innovación a largo plazo. Las cifras trimestrales podrían ofrecer indicios iniciales del rumbo que está tomando la dirección.

 

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