A semanas de la aprobación de la Reforma que garantiza el Derecho a la Desconexión Digital en México, las empresas enfrentan un nuevo desafío: trasladar una obligación legal al día a día operativo.

La medida, incorporada al Artículo 132 de la Ley Federal del Trabajo, busca proteger el tiempo personal de los colaboradores, pero su implementación aún presenta brechas relevantes.

Esta aprobación responde a un fenómeno cada vez más visible: la dificultad de los colaboradores para desconectarse del trabajo.

En un país donde se trabajan más de 2,100 horas al año, la desconexión no solo es un tema de bienestar, sino de seguridad laboral.

La salud mental, el descanso efectivo y la gestión del tiempo se han convertido en factores críticos para la sostenibilidad del trabajo, donde los límites entre la vida personal y profesional se han difuminado.

En este contexto, el estudio Pulso Expectativas y Vacaciones 2026 de Rankmi, realizado a más de 8 mil colaboradores en Latinoamérica, revela que 6 de cada 10 trabajadores mexicanos no logra desconectarse completamente del trabajo durante sus vacaciones.

“A nivel regional, el contraste es evidente. Por ejemplo, en Chile, el 72% de los colaboradores logra desconectarse adecuadamente y solo el 7.6% reporta contacto laboral constante. En Perú, aunque un 52% declara lograr desconexión, cerca del 50% permanece en un estado de “alerta constante”.

 México, en cambio, enfrenta un riesgo estructural donde el descanso sigue siendo interrumpido de forma sistemática”, mencionó Felipe Cuadra, cofundador y director de Recursos Humanos de Rankmi.

El análisis también revela que 1 de cada 5 colaboradores en México experimenta contacto laboral crónico, es decir, comunicaciones de trabajo constantes durante su tiempo personal a través de correos, llamadas o aplicaciones de mensajería.

También, la ausencia de protocolos, la presión laboral y la falta de esquemas de reemplazo generan lo que la plataforma denomina “pegamento operacional”, donde los colaboradores permanecen conectados incluso durante sus periodos de descanso.

“El descanso no es un beneficio; es infraestructura de desempeño. Hoy, una empresa que no garantiza la desconexión no solo incumple con la regulación, también compromete la sostenibilidad de su talento. En México estamos viendo una tensión clara entre la exigencia operativa y la capacidad real de recuperación de las personas, y eso ya se traduce en desgaste, rotación y menor productividad”, agregó Cuadra.

Transformación en las dinámicas

De acuerdo con especialistas en gestión de talento, esta reforma representa más que un cambio legal: implica transformar la cultura organizacional y las dinámicas de comunicación dentro de las empresas, especialmente en un contexto marcado por el teletrabajo, la movilidad laboral y la conectividad permanente.

Ante este escenario, la tecnología comienza a jugar un papel clave en la gestión de la desconexión.

“El gran reto no es tecnológico, es de diseño organizacional. Muchas empresas siguen operando bajo la lógica de disponibilidad constante, donde no existen protocolos de reemplazo ni reglas claras de no contacto. Esto recae especialmente en mandos medios, quienes terminan siendo el punto de fricción entre líderes y equipos, acumulando los mayores niveles de desgaste en la organización”, finalizó Cuadra.

A través de herramientas como la autogestión de permisos, el análisis de clima laboral con IA y el acceso a servicios de bienestar como telemedicina, las organizaciones pueden avanzar hacia modelos donde el descanso sea efectivo y no sólo declarativo.

La desconexión no ocurre por decreto, se diseña.

Las empresas que logren integrar tecnología, procesos y cultura en torno al descanso no solo cumplirán con la ley, sino que construirán equipos más resilientes, comprometidos y sostenibles en el tiempo.

En 2026, la verdadera ventaja competitiva será la capacidad de cuidar la energía de las personas.

 

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