A pesar de la rivalidad deportiva que se vivirá esta tarde en las canchas del Estadio Ciudad de México en el marco de la Copa Mundial de Futbol FIFA 2026, la relación entre México y la República Checa mantiene una base sólida y una complicidad que va más allá de los noventa minutos de un partido.
Se trata de un vínculo forjado en la historia compartida y, de manera cada vez más evidente, en el deseo de los viajeros mexicanos por descubrir los rincones de este destino europeo.
Cruzar el Atlántico para adentrarse en Chequia se ha convertido en una de las travesías predilectas para el mercado nacional.
Durante 2025, el flujo de viajeros provenientes de México no sólo recuperó por completo los niveles registrados antes de la crisis sanitaria, sino que consolidó al país como uno de los principales dinamizadores del turismo en esa región de Europa Central.
De acuerdo con datos oficiales de Czech Tourism, la llegada de connacionales reportó un crecimiento de 13.5% en comparación con 2019, lo que se tradujo en un total de 51 mil 301 visitantes durante el año pasado.
Más allá de las Cien Torres

La puerta de entrada indiscutible sigue siendo Praga. Al cruzar el icónico Puente de Carlos al amanecer o contemplar el mecanismo del Reloj Astronómico, el viajero entiende por qué se le conoce como la Ciudad de las Cien Torres.
Sus imponentes iglesias góticas y palacios barrocos componen un paisaje que resulta un imán visual para el turismo mexicano.
La tendencia actual muestra que los mexicanos ya no se limitan a la postal de la capital.
Petr Lutter, director de la Oficina de Turismo de República Checa para América Latina, señaló que la importancia de México en la economía turística de ese país se refleja también en la extensión de las estancias.
Los viajeros de la región latinoamericana, liderados por el mercado mexicano, aumentaron su permanencia promedio de 3.49 noches en 2024 a 3.54 noches en 2025.
Este margen adicional permite a los visitantes adentrarse en la riqueza de las 14 regiones del país.
La narrativa del viaje ahora incluye las tabernas históricas de Pilsen o las bodegas de Moravia del Sur, donde los connacionales llegan atraídos por la fama mundial de la cerveza local y la sofisticación de sus vinos blancos.
Desde los bosques de Bohemia hasta los castillos de cuento de hadas en el interior, Chequia ofrece una diversidad que invita a prolongar el camino.

Unión bilateral
Este flujo de hospitalidad se complementa de forma inversa con la actual justa deportiva.
Tomáš Hart, embajador de la República Checa en México, estimó que entre 3 mil y 4 mil ciudadanos checos viajaron a territorio mexicano con motivo del Mundial para asistir a los encuentros programados en el Estadio Ciudad de México, demostrando que la fascinación es mutua.
Vínculos históricos en la capital mexicana
Para el mexicano que regresa a casa, la memoria de Chequia permanece viva en la propia infraestructura de la Ciudad de México.
En la zona de Polanco, la Avenida Presidente Masaryk, lleva su nombre en honor al primer presidente de Checoslovaquia, Tomáš Garrigue Masaryk.
Asimismo, en la alcaldía Magdalena Contreras, el pueblo de San Jerónimo Lídice se erige como un recordatorio de la solidaridad internacional, nombrado así en memoria de la comunidad checa tras los trágicos eventos ocurridos en la aldea de Lídice durante la Segunda Guerra Mundial.
Lee también: Quieren ver campeona a la Selección, pero no confían en su nivel
