La falta de licencias de maternidad adecuadas, la presión del mercado laboral y la ausencia de espacios dignos para amamantar impiden que muchas mujeres puedan ofrecer lactancia materna a libre demanda.
La lactancia es la práctica más recomendada por organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Sin embargo, estas barreras estructurales no solo afectan la salud física del bebé, sino también su desarrollo emocional y neurológico, al limitar una de las experiencias más significativas en la primera infancia.
Miriam Lizbeth Martínez Sandoval, investigadora, académica y directora de Dialoga Mx, plantea que la imposibilidad de muchas madres de lactar a libre demanda no se debe a una falta de voluntad, sino a condiciones impuestas por un modelo económico que valora la eficiencia y la productividad por encima del bienestar materno-infantil.
Actualmente, la OMS recomienda la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida y a libre demanda, es decir, cada vez que el bebé lo solicite, sin horarios fijos.
Esta práctica favorece no solo una mejor nutrición, sino también un apego seguro, desarrollo emocional saludable y regulación natural del hambre y la saciedad.
“Una revisión de la literatura médica muestra que la lactancia por horarios solo está clínicamente justificada en dos escenarios muy concretos:
Prematurez: Los bebés que se encuentran en unidades de cuidados intensivos neonatales (UCIN) requieren una ingesta controlada de leche para asegurar su crecimiento, generalmente mediante lactancia diferida y medida.
Diagnóstico de Enfermedad por Reflujo Gastroesofágico (ERGE): En estos casos, las tomas pequeñas y frecuentes ayudan a reducir la presión gástrica y evitar daños en el esófago, a diferencia del reflujo fisiológico común”.
Fuera de estos contextos clínicos, no hay evidencia que respalde restringir la lactancia por horarios.
Por el contrario, prácticas como el contacto físico, el porteo y la lactancia a demanda estimulan procesos neurobiológicos esenciales, como la liberación de oxitocina y dopamina, la regulación del eje del estrés (HHA) y la neuroplasticidad.
Esto fortalece el desarrollo del sistema límbico, encargado de las emociones, la memoria afectiva y la empatía.
A pesar de estos hallazgos, muchas madres enfrentan decisiones difíciles.
La reincorporación laboral temprana, la escasez de apoyos comunitarios y la falta de políticas públicas que garanticen tiempo, espacio y recursos para amamantar colocan sobre sus hombros una carga que no debería resolverse de forma individual.
Martínez propone comprender cada elección desde la empatía y el acompañamiento, reconociendo que el cuidado infantil también es un asunto colectivo y político.
Para que la lactancia a libre demanda sea una opción real y sostenible, es necesario que las políticas públicas garanticen licencias dignas, sistemas de apoyo comunitario y condiciones laborales compatibles con la crianza.
En definitiva, concluye, la lactancia materna a libre demanda no es solo una decisión personal o una técnica nutricional: es una práctica de alto impacto en el desarrollo integral del bebé y en la salud emocional de la madre.
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