Cifras del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) revelan que, en promedio, una mujer percibe 85 pesos por cada 100 que gana un hombre.
Para Rosalinda Ballesteros, directora general del Instituto del Propósito y Bienestar Integral (IPBI) de Tecmilenio, esta situación ha llegado a un punto de quiebre. En entrevista, la especialista advierte que el problema radica en la arquitectura misma de las organizaciones.
“Resulta insostenible que el talento femenino, con evaluaciones de desempeño más altas, siga recibiendo menos promociones y aumentos. No es un problema de capacidad, sino de una estructura que invisibiliza el valor real que las mujeres aportan a la economía formal”.
La participación de las mujeres en la economía formal se mantiene estancada en 46%, frente al 75% de los hombres, una brecha que se profundiza al observar las cúpulas de poder, donde ellas apenas ocupan el 3% de las direcciones generales.
Radiografía de una crisis sistémica
Los datos más recientes del Inegi pintan un panorama complejo para las 25.1 millones de mujeres que integran la Población Económicamente Activa (PEA). El mercado laboral mexicano sigue operando bajo dos velocidades:
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Informalidad: El 55.9% de las ocupadas trabaja sin seguridad social ni prestaciones.
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Precariedad: El 46.7% de las mujeres sobrevive con hasta un salario mínimo, comparado con el 34% de los hombres.
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Liderazgo: La movilidad ascendente es limitada, con una ventaja de casi 5 puntos porcentuales para los hombres en términos de promociones.
La factura invisible del cuidado
Uno de los mayores obstáculos para la equidad es la sobrecarga de trabajo doméstico no remunerado. Las mujeres dedican más del doble de tiempo que los hombres a las tareas del hogar, lo que genera una “doble jornada” que afecta su presencia física en las oficinas.
Según el análisis de productividad, el 10.89% de las mujeres registra ausentismos mayores a cuatro días, frente al 6.85% de los varones, una métrica que las empresas suelen castigar sin considerar la falta de esquemas de corresponsabilidad en el cuidado.
Ballesteros enfatiza que las empresas deben transitar hacia modelos que valoren los resultados sobre la “presencialidad” permanente.
“El bienestar y el desempeño van de la mano. Si las organizaciones no ajustan sus criterios de promoción para eliminar sesgos de género, seguirán perdiendo el potencial de sus colaboradoras más comprometidas, quienes ya demuestran estar listas para el liderazgo”, advierte.
Retos de retención y lealtad
La lealtad laboral femenina tiene un precio claro: el 55.1% de las encuestadas sólo consideraría cambiar de empleo si la oferta supera en 10 mil pesos su sueldo actual. No obstante, la falta de reconocimiento y la lenta movilidad están generando una tensión creciente.
Al conmemorarse un nuevo Día Internacional de la Mujer, el mensaje para el sector privado es contundente: la equidad no se logra solo con cuotas de contratación, sino garantizando que el desempeño superior de las mujeres sea recompensado con la misma velocidad y cuantía que el de sus contrapartes masculinas.
El rediseño de las reglas del trabajo, con horarios previsibles y flexibilidad, ya no es una opción, sino una necesidad para la competitividad del país.
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