De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el Producto Interno Bruto (PIB) cerró en 2025 con un crecimiento real de 0.8 por ciento.
Con este resultado, se desestima los pronósticos de una recesión económica aunado a la incertidumbre comercial por la política arancelaria de Estados Unidos, sin embargo, los indicadores siguen mostrando debilidad.
Cabe recordar que este ligero avance de la economía está dentro del rango estimado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) de entre 0.5% y 1.5% de la economía para el año.
Los datos del Inegi también exhiben que el PIB avanzó 0.9% en el cuatro trimestre de 2025, impulsado por las actividades secundarias (industrias) y terciarias (servicios), en tanto que las primarias (agropecuarias) retrocedieron 1.4%.
A tasa anual, las actividades primarias aumentaron 7.8%; las terciarias, 2.1% y las secundarias, 0.3 % en términos reales, en el cuarto trimestre de 2025.
El peor crecimiento positivo
El gigante de gestión de activos Franklin Templeton, advirtió que, aunque fue un año “positivo”, el PIB de México en 2025 creció apenas 0.6%, el menor crecimiento positivo desde 1994 o el séptimo peor desde la misma fecha.
“Si bien se evitó la recesión temida, el crecimiento luce bastante pobre para la economía mexicana”, precisó.
Explicó que el sector terciario (servicios) fue el pilar que evitó la recesión, apoyado en un consumo privado que empezó a recuperarse en el segundo semestre y que va en línea con la confianza del consumidor que ha sido récord durante los últimos 3 años, siendo el 2025 el segundo año con mejor promedio, tan solo por debajo del 2024.
Mientras que, el sector secundario (industrial) palideció bastante, disminuyendo 0.4%, y concretando el séptimo peor año también.
Esto, derivado de la incertidumbre provocada por las políticas arancelarias de Estados Unidos, la concentración de poder del ejecutivo y la falta de certidumbre jurídica.
Lo anterior, agregó, provocó que la confianza empresarial registrara su segundo peor año en 2025, sólo seguido por el 2020 y el cuarto peor año para el promedio de la inversión fija, sólo por debajo de la crisis de 1994-1995 (Tequila), la pandemia (2020) y la Gran Crisis Financiera (2008-2009).
Puntualizo que con estos resultados el mensaje final es claro: no solo se necesita confianza del consumidor, sino reconstruir la confianza entre sector privado y público para impulsar la inversión fija y equilibrar los pilares de la economía.
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