La tregua inflacionaria con la que cerró el año pasado parece haber llegado a su fin. Durante la primera mitad de enero de 2026, el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) registró un repunte al ubicarse en 3.77% a tasa anual, superando el 3.69% reportado en el mismo periodo del ciclo anterior.

Con este resultado, se interrumpe la trayectoria descendente que marcó el cierre de 2025, encendiendo las alertas sobre el costo de vida para las familias mexicanas.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la inflación subyacente —el indicador que elimina los precios más volátiles y permite observar la tendencia económica a mediano plazo— alcanzó un 4.47% anual.

Por su parte, el componente no subyacente, que agrupa a los energéticos y productos agropecuarios, se situó en 1.43%.

 

El peso de los impuestos y aranceles

El bolsillo de los consumidores ha resentido de inmediato los ajustes fiscales y comerciales que entraron en vigor con el año nuevo.

Entre las alzas más significativas destacan productos de consumo masivo como los cigarros (12.22%) y los refrescos envasados (3.97%).

Asimismo, el sector servicios muestra presiones en loncherías, fondas y taquerías, con un incremento de 0.75%, mientras que en el rubro de alimentos básicos, el jitomate repuntó 3.45 por ciento.

Arturo Vieyra, economista en jefe de Grupo Coppel, anticipó que las presiones derivadas de los costos laborales y el incremento en impuestos mantendrán la inflación en una pendiente ascendente.

“La inflación general anual seguirá en ascenso a lo largo de 2026 para finalizar alrededor de 4.3%”, destacando que los precios agropecuarios también podrían jugar en contra de la estabilidad.

En coincidencia, el consenso de analistas de Banamex sitúa el cierre del año en un 4.2% para la inflación general y un 4.1% para la subyacente, cifras que se mantienen por encima del objetivo puntual de estabilidad de precios.

 

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