Una combinación de apatía cultural para discutir sobre dinero, la falta de una educación financiera formal obligatoria y la herencia de barreras socioeconómicas está sentenciando a miles de mexicanos a permanecer en la pobreza, revela el Informe de movilidad social en México 2025: la ruta hacia la inclusión financiera.
Este estudio subraya que la ausencia de capacidades financieras no sólo dificulta el ascenso social, sino que también acentúa la disparidad de género y provoca que gran parte de la población tome decisiones económicas de forma inconsciente.
La herencia de la ceguera económica
El problema inicia en el seno familiar, el “primer frente de batalla”, donde existe un “bajo apetito en el país por hablar por temas de dinero”, destacó Ana Laura Martínez, consultora en BeWay y coautora del informe.
Esta herencia cultural provoca que la mayoría de los mexicanos actúen con lo que se podría denominar “ceguera económica”, un hecho tangible en las cifras: solo 27% lleva un registro de sus ingresos o sus gastos.
Martínez advierte que cuando el dinero es un tema vedado, se vuelve “más difícil construir la capacidad de llevar un presupuesto, explicarle a nuestros hijos porque es importante tener un seguro”.
La meta de la inclusión financiera no debe limitarse a la simple posesión de un producto, sino a que los hogares puedan “sortear sus necesidades financieras”, ya sea planeando el retiro con una afore o manejando un presupuesto quincenal efectivo.
Ante las barreras socioeconómicas que impiden a las familias más vulnerables superar esta brecha por sí solas, el rol del Estado resulta inaplazable.
La consultora urgió al sector público a liderar la iniciativa para que la educación financiera sea un componente “obligatorio en el sistema de educación, sobre todo a partir de sexto de primaria”.
Fintechs y banca: el llamado a la segmentación
El informe también lanza una crítica a las instituciones financieras, exhortándolas a derrocar los enfoques universales en sus estrategias.
La banca tradicional y, particularmente, las fintechs se encuentran en una posición privilegiada para fungir como agentes de cambio, pero su acción debe ser más específica.
Martínez las conminó a segmentar sus productos y la educación que ofrecen, basándose en variables clave, como si este es el “primer producto financiero que tiene la persona”.
“Ahí las instituciones financieras, tanto las fintechs como la banca tradicional, son las mejores posicionadas para poder entregar educación financiera útil a la hora de tomar decisiones”, enfatizó.
Esta segmentación es vital para desmantelar el desconocimiento, una de las barreras más prevalentes. Existen “muchos mitos e información equivocada, por ejemplo, en torno al costo de tener una tarjeta de débito” o el funcionamiento de un seguro, lo que genera miedo y desconfianza en la población no bancarizada.
Movilidad social en riesgo y el golpe a las mujeres
La falta de capacidad y educación financiera tiene un impacto directo y medible en la movilidad social de las personas.
Roberto Vélez Grajales, director ejecutivo del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), aseguró que la carencia de inclusión y educación financiera “incrementa la permanencia en condición de pobreza” y anula la posibilidad de realizar un recorrido completo de ascenso social.
La desigualdad golpea con especial dureza a las mujeres. Los resultados del informe evidencian que, sin importar el origen familiar, la permanencia en condición de pobreza es consistentemente “mayor para las mujeres que para los hombres”.
Esta disparidad se atribuye, en parte, a factores sociológicos y psicológicos, como una mayor aversión al riesgo en las mujeres, lo que inhibe el uso de productos de inversión o de ahorro a largo plazo.
A esto se suma que la incertidumbre económica, común en mexicanos con ingresos variables, afecta desproporcionadamente su capacidad de planificación a futuro.
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