Tras dos meses de desaceleración, la inflación en México repuntó en agosto,  al ubicarse en 3.57% a tasa anual.

Según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), este comportamiento al alza se explica en gran medida por la presión en productos y servicios clave.

Por ejemplo, la vivienda propia tuvo un incremento mensual del 0.27%, reflejando la persistencia en el alza de costos residenciales.

De igual forma, el sector de alimentos preparados mostró un avance significativo, pues los servicios de loncherías, tortas y taquerías, reportaron un alza de 0.63%, un rubro de consumo cotidiano que impacta directamente el bolsillo de los mexicanos.

El análisis de la inflación subyacente, que el Banco de México (Banxico) vigila de cerca para tomar sus decisiones de política monetaria, también mostró un incremento.

Este componente, que excluye los precios más volátiles, se ubicó en 4.23% a tasa anual, lo cual sugiere que las presiones inflacionarias no son un fenómeno pasajero.

En contraste, el índice de precios no subyacente, que abarca productos como frutas y verduras con alta volatilidad, registró un crecimiento anual más moderado de 1.38 por ciento.

La aceleración de la inflación se vio impulsada por el encarecimiento de productos específicos, como el chile serrano, que se disparó con un incremento de 34.94%, un ejemplo claro de cómo la volatilidad de productos agrícolas puede influir en la tasa general.

 

Qué viene hacia adelante

La aceleración de precios en rubros esenciales como la vivienda y alimentos preparados, junto con la presión persistente en el índice subyacente, subraya la complejidad del panorama económico.

Los analistas de Banamex consideran que la inflación cerrará 2025 en 4.00 por ciento.

Entre los riesgos al alza destacaron una aceleración mayor que la estimada de la inflación de mercancías y una desaceleración más lenta que lo proyectado de la inflación de los servicios, así como efectos de condiciones climatológicas y sanitarias desfavorables sobre precios agropecuarios.

Como riesgos a la baja mencionaron efectos mayores a los estimados de la desaceleración económica sobre los precios.

 

 

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