El efectivo en México está perdiendo la batalla frente a la comodidad del plástico. Entre julio de 2024 y junio de 2025, el uso de tarjetas de débito y crédito se consolidó como el gran motor de la digitalización en el país, alcanzando la cifra histórica de 10 mil 600 millones de transacciones, lo que representa un crecimiento anual del 18.4%.

Este repunte no es casualidad. Responde a una expansión agresiva del comercio electrónico y a una penetración cada vez más profunda de las terminales punto de venta (TPV) en negocios físicos, desde grandes cadenas hasta comercios de barrio. No obstante, este dinamismo ha encendido las alarmas sobre la capacidad de respuesta de la infraestructura tecnológica que sostiene estas operaciones.

El desafío de la “fricción” operativa

Para Kushki, el unicornio especializado en tecnología de pagos, este crecimiento refleja un cambio estructural en el movimiento del dinero en México.

Sin embargo, advierten que la operatividad electrónica está avanzando a una velocidad que la infraestructura tradicional ya no puede seguir.

Fernando López, vicepresidente de Ventas Regionales de Kushki, sostiene que el ecosistema ha entrado en una fase donde la voluntad del consumidor ya no es el único factor determinante.

El éxito de la economía digital ahora depende de la robustez técnica del comercio para procesar pagos sin caídas del sistema o rechazos injustificados.

“El aumento en el volumen de pagos con tarjeta es un llamado de atención para el ecosistema. Las empresas necesitan infraestructura capaz de procesar millones de transacciones sin fricciones, con altos niveles de disponibilidad y seguridad”, señaló López.

 

Comercio electrónico: El catalizador

El análisis destaca que gran parte de los 10.6 mil millones de transacciones provienen del e-commerce, un sector que exige inmediatez. En este entorno, un segundo de retraso en la validación de un pago puede significar la pérdida de una venta y la insatisfacción del cliente.

Los especialistas coinciden en que la infraestructura “heredada” —aquellos sistemas de procesamiento antiguos— enfrenta dificultades para escalar al ritmo que demanda el mercado mexicano actual. La modernización no es solo una opción de eficiencia, sino una necesidad de supervivencia ante el volumen masivo de datos.

 

Seguridad y disponibilidad

El reto no es sólo procesar más, sino procesar mejor. Con un incremento del 18.4% en el volumen, los riesgos de ciberseguridad y fraude también escalan.

La tecnología de pagos debe ser capaz de filtrar transacciones legítimas de intentos de fraude en milisegundos, manteniendo una “disponibilidad total” para evitar que el sistema se colapse en fechas de alto consumo como el Buen Fin o las temporadas decembrinas.

La digitalización de la economía mexicana está en un punto de no retorno. La meta ahora es cerrar la brecha entre el deseo del consumidor de pagar digitalmente y la capacidad del sistema para garantizar que cada “tarjetazo” se concrete con éxito.

 

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